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Las matronas protagonistas en el Arde Lucus: A OBSTETRIX: A MATRONA DESDE ROMA ATA HOXE”.

11/06/2018

Los días 15, 16 y 17 de Junio, (Plaza Mayor de Lugo), un fenómeno mágico se apoderará de cada rincón de nuestra ciudad, transformándola por completo, llenándola de personajes ancestrales de un pasado glorioso. Ahí está la magia del Arde Lucus, en retroceder en el tiempo para gozar de nuestro legado cultural e histórico en primera persona.

Un año más las matronas participaremos con la actividad “A OBSTETRIX: A MATRONA DESDE ROMA ATA HOXE”. Esta iniciativa surge en el 2014 y, tras su éxito de visitas y reconocimiento por parte del Concello como actividad de recreación histórica singular, por cuarto año repetiremos con un claro objetivo de acercamiento y sensibilización a la ciudadanía sobre la importancia y trascendencia histórica de esta profesión a lo largo de todos los tiempos.

Organizado por el Colegio de Enfermería de Lugo y con la colaboración de la Asociación Galega de Matronas, esperamos vuestra visita en esos días de fiesta. Nos encontrareis en la Plaza Mayor, en la zona del templete.

Es un placer sumergirse en la vida de Lucus Augusti, destacada urbe y una de las capitales administrativas de la Gallaecia romana, y recorrer su recinto amurallado, donde gozar de un pasado más vivo que nunca

Programa de actividades Arde Lucus 2018

                

HISTORIA DE LA PROFESIÓN DE MATRONA

La historia de la profesión de Matrona, es la historia de la civilización misma y de la obstetricia, pues ésta, toma su nombre de obstetrix, que así es como se llamaba en Roma a las parteras.

La etimología de la palabra latina obstetrix no parece estar muy clara, pera la mayoría de los diccionarios la derivan del verbo obstare, que traduce “estar al lado” o “delante de” y del sufijo de agente femenino  –trix. Teniendo en cuenta que obs significa  ayuda, se le dio a obstetrix el significado de “mujer que está al lado de la parturienta y le ayuda”.

La figura de la partera ha existido siempre en todas las civilizaciones y culturas aunque con diferentes nombres. Los hombres hasta tiempos relativamente recientes tuvieron prohibido por las religiones, las culturas, las supersticiones e incluso ciertas normas de moralidad, tanto la asistencia al parto como todo lo relacionado con él.

Por tanto, en la Antigua Roma el trabajo de traer niños al mundo lo llevaban a cabo las parteras. Los médicos rara vez acudían a los partos, sólo cuando la vida del bebé o de la madre corría peligro, y siempre y cuando las parteras les llamasen.

Hipócrates, padre de la medicina, gracias al cual se transmitieron gran parte de los conocimientos relacionados con alimentación, plantas medicinales, hidroterapia, higiene y termalismo, consideraba que las mujeres se concebían en el ovario derecho y los hombres en el izquierdo.

Fue Sorano de Éfeso, médico griego del siglo II dC que ejerció en Roma y Alejandría, quien escribió el primer tratado de ginecología (“Libro de las Enfermedades de las mujeres”-Gynaikeia). En su libro, Sorano describe que el parto debe ser atendido por una comadrona.

La religión jugó un papel importante, fruto de ello es el uso de hierbas y otras plantas que se asociaban con supersticiones y creencias religiosas. Las mujeres veneraban a la diosa griega Artemisa (en Roma Diana), diosa de la caza, la virginidad, los nacimientos y las enfermedades de las mujeres.

La obstetrix debía presentar las siguientes cualidades: ser disciplinada, tranquila, no ser codiciosa de ganancias deshonestas, ser respetable, capaz de prescribir normas de higiene, observar, dar consejos y ser tranquilizadora y mantener las manos suaves (no realizar trabajos duros y usar ungüentos). Además debería tener los dedos largos y delgados con uñas cortas para no molestar en las exploraciones durante el parto. También aconsejaba a las comadronas que no tuvieran miedo de demonios y que no hicieran caso de amuletos y encantamientos.

En la preparación al parto, se aconsejaba a las mujeres bañarse en vino y agua dulce para calmar su mente antes del parto. También frotar el vientre con aceite para disminuir las estrías y aplicación en los genitales de hierbas y grasa de oca.

Para garantizar un parto sin riesgo era necesario disponer de aceite de oliva limpio, esponjas de mar, pedazos de vendas de lana en la cuna del bebé, una almohada y hierbas de olor fuerte en caso de desmayo.

Se utilizaban masajes suaves para aliviar los dolores del parto y aplicación de trapos empapados en aceite de oliva caliente sobre el estómago y zona genital.

El parto era asistido en la casa de la parturienta. El principal instrumento de las comadronas era la silla de parir, con respaldo, brazos, y un asiento con un entrante en forma de media luna, por donde pasaba el niño. Entre el asiento y el suelo había tableros a los dos lados, pero no delante ni detrás, para que la matrona se manejara. La parturienta se sentaba en la silla que había traído la matrona en el comienzo de la fase de “expulsión” y la dilatación se hacía en la cama.

Si la familia era muy pobre, se usaba un asiento humano hecho por una persona fuerte, en cuyo regazo se acomoda la parturienta.

También se recomendaba a la comadrona envolver sus manos en trozos de tela o papiro delgados para que no se le deslizara el recién nacido resbaladizo.

La comadrona era asistida en su labor por tres personas, dos a los lados y una por detrás de la silla.

Además, en aquella época, hay constancia de que también existían ginecólogas (feminae medicae) pero estas eran una minoría y solo se dedicaban a la medicina de enfermedades propias de las mujeres.

El rol de acompañadora de la comadrona le permitía compartir con la familia actos significativos como el bautizo y el posterior cortejo de exhibición del recién nacido.

Las cesáreas en la antigua Roma eran casi inexistentes. Sólo se realizaban un vez la madre había muerto, pues en vida había mucho peligro de muerte por riesgo de infecciones y hemorragias severas. Una leyenda urbana dice que la palabra “cesárea” vendría de Julio Cesar, pero sabemos que su madre Aurelia vivió muchos años tras el nacimiento de su hijo, así que esta no pudo ser la forma en que vino al mundo. La Lex Caesarea decía que una mujer que muriese durante el embarazo tardío debía ser sometida a esta intervención con la finalidad de salvar la vida del feto. En realidad la primera cesárea de la que tenemos constancia de supervivencia fue de una mujer en Alemania en el año 1500.

 

 

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